viernes, 11 de marzo de 2016



EMPEZANDO UN NUEVO CICLO, UN NUEVO COMIENZO CON MUCHAS EXPECTATIVAS, MUCHAS IDEAS Y PROYECTOS.... COMO CADA AÑO REPASANDO RECORRIDOS TRAZADOS Y DISEÑOS NUEVOS POSIBLES....
PARA LAS FUTURAS DOCENTES, LES DEJO UNA REFLEXIÓN DE CANDIA,  QUE LES VA A AYUDAR A PENSAR...
NOS ESTAMOS VIENDO.... LAS SALUDO!!!






Hay que avanzar más allá del clásico mito de que para ser maestra jardinera alcanza con que los niños “le gusten”. 
Esto es una condición necesaria, pero no suficiente.
 El respeto y el compromiso con las infancias y la valoración de que somos mojones para los niños son fundamentales. Un buen profesor o docente, es aquel que se apasiona con el conocimiento, es aquel que tiene deseo de conocer y en consecuencia puede trasmitir su pasión al enseñar. 

Pasión, deseo, emoción, disfrute, alegría son condiciones necesarias para toda buena maestra… 

Pasión al enseñar, al disfrutar de un juego, al emocionarse con una canción al cantarla o escucharla, la alegría de compartir un momento tan importante en la historia de cada niño, la responsabilidad por sentirse y ser un referente para ellos, el compromiso con su tarea de enseñar, son aspectos claves que debería tener toda maestra jardinera. 

Resalto la idea de la pasión que se pone en juego cuando uno se da cuenta que lo que sabe no le alcanza y necesita seguir buscando respuestas, además de seguir haciéndose preguntas…. Si no somos “portadores de curiosidad” cómo podemos hacer para dinamizarlo en los niños, ya que ellos son curiosos por naturaleza, y nuestro desafío es saber capitalizarlo en experiencias ricas de aprendizaje. 

Una buena maestra jardinera es aquella que cree en las capacidades y posibilidades de los niños, que les planea desafíos a resolver, respetando la identidad del nivel inicial, sin caer en su primarización y sin arrebatarles a los niños la posibilidad de aprender algo nuevo. 

Una buena maestra jardinera es aquella que entiende que el enseñar es un acto político, que está atravesado por lo ideológico, y que puede comprender que con sus decisiones didácticas está contribuyendo a formar un sujeto-niño para una determinada sociedad. 
En consecuencia, la oportunidad de ofrecerles a sus alumnos la posibilidad de elegir, de pensar, de proponer; o contrariamente de ejecutar, de obedecer, de copiar no son decisiones ingenuas, son decisiones cargadas de valor ético- político y pedagógico.